Capítulo dos.

Mientras comparto una mimosa sin licor con mi amigo Boris en la terraza de la pedazo de casucha que mi ex esposo me dejó cuando nos divorciamos, éste insiste en que debo cambiar mi estatus social ya que ahora soy una empresaria en el campo de la belleza y la estética.

—¡Insisto en que debes darte vida de reina Miggui! Te lo mereces además ¡tienes con qué! – expresa por enésima vez mi amigo. Mi autoestima se encuentra tan baja que ni siquiera el dinero me la sube.

—¿A dónde iré Miggui? – lloriqueaba mientras untaba más chocolate derretido a una tostada — Soy una pobre mujer madura y solitaria, mi vida apesta ¿sabes? - pronuncié en tono lastimero, untando más chocolate a la misma tostada.

 —¡Suelta eso! Te pondrás gorda, deberías cambiar tus hábitos alimenticios para representar tu misma a la empresa – hago un puchero al no poder quitarle el frasco de chocolate para untar — Además, eres una solitaria porque así lo deseas, te he presentado a mil hombres y ninguno te gusta ¡por favor, deberías decidirte! o en su defecto, quedarnos ambos solos para siempre criando gatos y perros - su rostro era soñador y romántico. El mío era de asco en toda regla.

—¡Ya tengo un culo de gorda! y además estoy por cumplir cuarenta y tres años, ya no tengo tiempo de amar, ni de escoger, solo de saciar mis más bajos apetitos – lloré desconsolada sorbiendo los mocos bajo la mirada asustada de mi amigo — Y sabes que no me gustan los animales - lloro otra vez secando mis lagrimas.

—¡Oh princesa mía! No llores mi amor, tu eres la mujer más bella que conozco ¡y fogosa además! – lo miré triste —¿Qué pasa mi amor? – preguntó preocupado.

—¡No soy feliz! ¿por qué no lo entiendes? – asombrado saltó de su silla para llegar a mi lado.

—¿Carlos te hizo algo mi Sol? – arrugó el entrecejo y se veía precioso con sus ojos azules como el cielo y su cabello rubio desordenado.

—¡No, es decir… es que no me llena!

—¿De leche?

—¡Boris!

—¡Entonces no entiendo Nena! Hablábamos de sexo ¿no?

Su cara de confusión me hizo sonreír, me reí a carcajadas y luego lloré nuevamente, no podría descifrar su expresión estaba divertido, anonadado y contrariado a la vez ¡lo amo!

—¡Es que no sé! Me regala unos orgasmos ricos pero, no me siento completa – hago un puchero mientras mi amigo me mira comprensivo.

Carlos es un moreno de treinta y seis años, tiene una contextura musculosa y una piel acanelada que volvería loca a cualquier mujer pero, aunque me regala unos orgasmos deliciosos y envidiables, al parecer no es lo que necesito ya que solo tenemos sexo y además nunca pasamos de dos veces porque los tragos y el cansancio nos vencen. Este moreno es profesor de deportes y dueño del gimnasio al cual asisto digamos… ¿dos veces por semana?

—Entiendo. Quieres más pero no sabes que es – es extraño como me conoce tan bien. Asiento de nuevo con un puchero.

—Es un desconsuelo que no sé cómo explicar es decir; Carlos es genial pero no me llena por completo últimamente el sexo es normal, no fantástico, además ¡estoy vieja! – expresé de manera cruda y sorbiendo los mocos.

—¿Vieja? y dale con eso ¡nunca mi tesoro bajo el mar! lo que necesitas son más experiencias excitantes ¡Cielo! ¿Qué tal un trío con dos buenorros musculosos? – batió sus cejas rubias de arriba abajo invitándome, me quedé pensando pero,  cuando iba a decir algo su teléfono sonó y sus ojos brillaron.

—¡Oh Rogers! ¿Qué tal? – su rostro se coloreó de rojo y su voz salió apagada como en un susurro — ¡Claro llévalo en… media hora para atenderlo! Si esta bien ¡bye! – esta vez su voz sonó muy chillona ¡está nerviosísimo!

—¿Novio? ¿enamorado? – quise saber, pero negó, sus ojos brillaron y sonrió avergonzado.

—¡Ay Miggui un cliente! Pero me tiene volando por los aires…  - alcé las cejas y sonreí  con suma ternura.

—¡Que alegríaaa! ¿Ya están juntos o solo es flirteo? – dejé mi silla para acercarme y besarle toda la cara

—¡Ninguno de los dos! Es mi cliente, su perro es mi paciente y yo muero por sus huesos – hizo una mueca que me mató de risa y caí muy de culo en el piso.

Ambos morimos de risa hasta el momento que se fue al consultorio a atender su paciente.

**********

                                                  

Me quedé pensativa respecto al cambio de residencia, Boris lleva razón al decirme que lo merezco. Tengo el dinero que me generan las Salas de Belleza y del Fideicomiso de las empresas del idiota cara de perro de mi ex, además de la cuenta bancaria millonaria que me dejó y no he tocado para cuando le arranque la piel de la cara arrebatándole a mi hija tal como él lo hizo. Comencé a investigar acerca de las viviendas que se adaptaran a mi presupuesto – eso es porque soy dura para soltar el dinero – encontré unas villas  preciosas con un precio excelente, llamé a Lester Farrow para decirle que estoy pensando en vender este antro y buscar algo mas cómodo y holgado.

—¿Princesa? ¡un placer escucharte! ¿Dime qué necesitas? – somos buenos amigos.

—¡Hola príncipe! Necesito de tu asesoría en cuanto a inmobiliaria se refiere – dije lo mas inocente posible.

—¡Entiendo! ¿Necesitas una cita? - ¡es un idiota!

—¡Claro que no! Quiero que nos veamos como amigos – le dije — ¿Cómo están Sandra y los niños? – mi voz salió en un susurro.

—¡Excelentes todos nena! ¿Susset, ya esta contigo? – mi corazón se quebró al escuchar el nombre de mi pequeña.

—¡Solo los domingos! – suspiré entrecortado — Eloín “desgraciado" Thompson, ese maldito quita hijas me dijo que no podía criarla porque… ¡bueno ya sabes! – lloré desconsolada.

— Pero... ¿y el abogado que contrataste? - pregunta preocupado por mis sollozos.

— ¿Ese estafador bueno para nada y vendido? Eloín le ofreció una cantidad exorbitante de dinero y una semana de vacaciones en Las Vegas y huyó como un cobarde - lloro y cubro mi rostro activando el altavoz para poder secar las lagrimas de dolor.

— ¡Dios, lo siento mucho Nena! voy a buscar entre los míos para ayudarte - me dice en tono dulce ¡es un amor!

— ¡Gracias cielo! - le digo con cariño genuino.

—¡Tranquila nena! Quiero que sepas que me parece excelente que hayas decidido cambiar de residencia, ese pedazo de casucha no es para ti. Pásame fotos del conjunto residencial para que podamos escoger la que más te guste – lo bueno de ser o mejor dicho: haber sido una esposa perfecta ¡son las amistades! Que te deja el perro degenerado, cachero y arrastrado de tu ex.

Pasé la tarde mensajeándome con Lester y buscando opciones pero, me enamoré de las Villas Paradise en Manhattan,  me quedan súper por el trabajo.

—¿Encontraste alguna? – quiero llorar porque no encuentra una desocupada y esta full de trabajo.

—¡Aún no princesa! Dame hasta mañana por favor, tengo un amigo que quizás pueda ayudarme – ahora si lloro.

—¡Esta bien! Un abrazo…

—¿De oso?

—¡Siiii!

—Te amo…

—¡Yo más!

Colgué el teléfono antes de que la cosa se tornara más romántica, Lester es amigo de Eloín, pero siempre demostró un gusto descarado hacia mi y yo particularmente no conocía el alcance que poseía mi zorra interna y entonces… un impresionante fin de semana en  Orchard beach me lo hizo descubrir, pero como nada es eterno en este mundo. Tuvimos que dejar de vernos ya que a su esposa le chismearon que estaba con una “zorra".

Lester fue mi primera vez en todo: sexo, pasión, lujuria y ¿por qué no? Amor. Descubrí que ser perfecta es actuar como deseas y ser sobre todo honesta contigo misma ya que si no estás satisfecha con lo que haces, todo saldrá  al revés - tarde lo comprendí - si hubiese sabido que seria más feliz siendo menos “perfecta “, no le hubiese hecho caso a mi madre y ni siquiera me hubiese molestado en casarme y perder quince años de mi vida con un tipo que después descubrí que siempre me fue infiel ¡maldito hijo de puta!

Con ese pensamiento y las ganas de luchar por mi hija me fui a la alcoba para recostarme y mañana comenzar el día y la semana con buenas expectativas.


Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo