Capítulo II

"Dentro del mismo infierno"

Estar entre la espada y la pared, no puede ser peor que estar sin elección alguna.

Tessa.

Camino por los pasillos blancos del manicomio, los cuales enfocan la luz de las bombillas de una manera tétrica, no por la escasez sino por lo potente que se ven. El lugar está muy iluminado para ser de madrugada y el silencio me causa escalofríos, suspiro y noto como el vaho sale hace tanto frío que mis manos están heladas.

— ¿En dónde están todos?—Pienso, por más que agudizo mis oídos no logro escuchar nada, incluso hubo un micro momento en el que pensé estar muerta.

—No por favor, no te vayas.

La voz en tono suplicante proviene de la habitación cero nueve, me detengo justo al frente y veo por la pequeña rendija de la puerta. El chico se mueve descontrolado sobre la cama y llega un momento donde de su garganta brotan palabras en otro idioma, la luces titilan y el empieza a reír de forma macabra pero sin abrir los ojos.

Me quedo sin aliento cuando su cuerpo levita en la cama, estoy segura que no es parte de mi imaginación porque no creo estar tan loca como para ver este tipo de cosas, escucho voces en la esquina del pasillo y doy dos toques a la puerta de Dylan sin querer. Su cuerpo cae brusco y las sabanas lo cubren como si tuvieran vida propia, ignoro el hecho de que aquí pasan cosas mucho más raras que un montón de psicópatas experimentando con gente inocente y corro sin hacer mucho ruido escapando de quienes vengan.

Entro por mera casualidad en la habitación donde tienen a el paciente Poe atado de pies y cabeza para que no hiera a nadie, cierro la puerta tras de mí y agudizo la vista debido a que hay mucha oscuridad.

—No deberías estar aquí.

Me sobresalto al verlo sentado en el suelo jugando cartas con suma tranquilidad, a mi lado izquierdo visualizo a Miguel comiendo y a una Galatea acostada en el suelo.

—La hora de entrada para los enfermeros es a las seis treinta.

Calmo mi respiración lo mejor que puedo y escucho como se van acercando las voces, todos nos quedamos en silencio.

—Diez descargas eléctricas, eso basto para que Dylan Wood ya no recordara nada de su pasado.

— ¿Cuantas más crees que le apliquen a Poe antes de deteriorar por completo su cerebro?—preguntó la otra voz con cierto entusiasmo.

—No lo sé, con la de anoche da un total de veinte descargas y aún el chico sigue vivo. —Las voces eran masculinas, me di cuenta porque pasaron muy cerca de la habitación hasta que por fin se alejaron.

—Sus descargas ya no me hacen daño—murmura para que solo yo pueda escucharlo —él se ha encargado de proteger nuestros cerebros y cuerpos de ustedes para que protejamos a Dylan. —Los tres se levantaron de forma amenazante mientras se acercaban a mí.

—Se refieren a Marcus, ¿cierto? —se detuvieron a una distancia prudente y sus ojos comenzaron a brillar en la oscuridad—Angy, me hablo de él. Me dijo que debo despertarlo para que así puedan salir de este asqueroso lugar.

— ¿Cómo sabes de Angy? —la voz de la rubia erizó cada vello de mi piel, la podía escuchar como si la tuviera dentro de mi cabeza, taladrando y olfateando mis pensamientos más profundos.

—No he hablado en persona con ella, pero Trisha me ha escrito varias cartas para intercambiar información y de alguna forma conseguir su escape de aquí. —Miguel dio varias vueltas alrededor de la habitación hasta pararse justo en el centro.

—Este es el único sitio donde pude quitar las cámaras, las demás habitaciones están bien vigiladas. Al parecer creen que ya dañaron lo suficiente a Poe y por ello no han colocado alguien que lo vigile.

Las paredes a mi alrededor empezaron a dar vueltas a medida que el sol comenzó a abrirse paso dentro de las ventanas, sentí náuseas y un dolor enorme en mi cabeza. Busqué con una de mis manos la perilla de la puerta y cuando no di con ella me gire quedando estupefacta, no había puerta solo un enorme vacío en su lugar, gire nuevamente en busca de los chicos y una explicación lógica pero lo único que encontré fueron cuerpos sin rostros cubiertos de sangre.

— ¿Qué mierdas pasa aquí?—chillé, pero una risa macabra se adueñó de todo.

—Dile a ellos que se necesita más que una estúpida chica para sacarnos de aquí, esta no es la zona donde prácticamente jugamos a escondernos y hacernos las buenas personas.

La voz se escuchaba muy distorsionada y escalofriante, trague un par de veces el nudo en mi garganta por las ganas de llorar que me producía el sitio.

—Ella los controla a todos, tiene ojos en cada rincón y es mucho peor que una tonta secta.

Una figura estaba al final del lugar pero no se veía claramente, estaba cubierta por sombras y caminaba hasta mí con calma. Hasta que, de un momento a otro comenzó a aumentar su tamaño y me eche a correr en sentido contrario.

Caí de cara contra el suelo, el reloj alarma no paraba de hacer ese sonido tan insistente que me daba migraña y la voz de mi jefa sonó por el parlante en la esquina de mi habitación.

—Tessa, la hora del almuerzo llego. Por favor, incorpórate al comedor junto a los demás no podemos dejar ningún espacio vacío. —Mi cuerpo estaba empapado en sudor y mis labios resecos, mi cabello el cual había cortado unos meses atrás por exigencia del contrato estaba vuelto una maraña.

—Ellos no pueden pensar que son más, ni siquiera deben de pensar solo son simples siervos que pueden ser controlados con facilidad.

Fue lo último que escuche antes de ponerme en pie frente al lavado y ver mi rostro contraído del miedo. — ¿Qué fue esa pesadilla?, se sintió tan real. —Murmuré para mí mientras refrescaba mi rostro con agua fría. —Es como si alguien tratara de decirme algo.

Intente recordar los nombres mencionados pero era como si precisamente en eso, mi cerebro fuera una enorme laguna. Las palabras volvieron a retumbar en mi cabeza como si las estuviera escuchando nuevamente:

Se necesita más que una estúpida chica para sacarnos de aquí.

Suspire cansada y mire el espejo en un vano intento por entender que estaba sucediendo a mí alrededor.

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