Capítulo 4

Bajé por las escaleras hasta la cocina, la mesa estaba puesta tan perfectamente que parecía que le hubiera tomado mucho tiempo hacer la cena. Me indicó que me sentara y lo hice. —Provecho —Dijo indicando para que comenzara a cenar. Él dio un bocado y yo me le quedé viendo fijamente, así fue por uno o dos minutos, si bien Ian no era un asesino (o no al menos que yo supiera) no me daba confianza comer algo hecho por él, no sabía si le había puesto algo a la comida, ya bastante me había amenazado con los enfrentamientos que habíamos llegado a tener. Tal vez fui muy obvia o sabía leer la mente.

—No tiene veneno.

—¿Y yo cómo se?

—Yo también estoy comiendo ­—Abrió la boca y me mostro la masa de comida dentro de ella.

—No tienes que ser un asqueroso.

Tragó su comida y luego estiró su brazo para tomar con su tenedor un poco de mi plato, lo metió a su boca viéndome fijamente, lo masticó y tragó. Levantó una ceja dándome entender que de ser que tuviera algo mi comida, a él también le pasaría algo.

—Ves, no tiene nada —Accedí y di un bocado —Nada que haga daño en pocas dosis —Dijo sonriendo.

—Me matas de la risa.

Comenzando a comer entablamos una plática del colegio de cómo vamos en las notas y ese tipo de cosas. Si hay algo que realmente me sorprendió de Ian es que es realmente inteligente y habla tres idiomas, me comentó que su mamá es mexicana y su papá estadounidense entonces el hecho de que nació en estados unidos tuvo que aprender el inglés como su idioma natal pero por parte de su mama aprendió el español y al cumplir 13 años se fue a estudiar a Italia por dos años, tiempo suficiente para aprender el italiano también y al parecer los dos idiomas los habla perfectamente bien, sin duda nunca pensé que el chico mujeriego tuviera tales cualidades.

La comida estuvo realmente buena no creí que fuera tan bueno para cocinar, otra cualidad a su favor.

—Estuvo rica la cena.

—Cuando era pequeño mi madre me llevaba con ella a sus clases de cocina y aunque suene raro se me quedó un poco de todo lo que ella aprendió— eso lo dijo acompañado de una sonrisa, una sonrisa… ¿sincera? Una que yo no le conocía, por lo regular en el colegio lo veía con mi hermano, serio o con su cara de "tú, tú y tú se mueren por mi" su sonrisa arrogante, o las veces en las que venía a visitar a mi hermano siempre se la pasaba serio pero esta sonrisa era... diferente. Creo que es la primera vez que tengo una conversación con él, donde no hay insultos, desprecios ni amenazas, de hecho, es la primera conversación decente que tengo con él.

Después de lavar los platos me fui a mi habitación, le marqué a mi hermano para preguntarle a qué hora regresaría, no me sorprendí cuando me dijo que se quedaría en casa de su novia, lo que si me sorprendió es que me dejara a mí en la casa a solas con Ian, después de despedirme colgué, salí y me dirigí a la sala donde estaba Ian.

—Iré a la tienda, ¿necesitas algo? —Dije mientras desenredaba mis audífonos.

­—Sí —Se levantó y sacó su cartera del bolsillo de atrás, sacó un billete y me lo dio.

—¿Qué necesitas?

—Un lubricante y un paquete de condones… talla grande.

Achiné los ojos y sentí como la cara se me ponía roja —Yo no te voy a traer tus porquerías — Dije aventándole el billete en la cara. Ian se comenzó a reír y yo salí de la casa, caminé por la banqueta con paso apresurado cuando escuché que me gritó.

—¡Oye! ¿No irás en el auto? Es noche y la tienda no está cercana. —Decidí ignorarlo, este que se cree.

Caminé un par de cuadras hasta que me detuve para poner música, miré al cielo, estaba totalmente lleno de estrellas y aunque a luna no se veía por ninguna parte, estaba alumbrado. Me gustaba salir por las noches a caminar sola, solo yo con mis pensamientos y un poco de música. Tenía tantas cosas en la cabeza, principalmente lo de Jack, era un tema que me rondaba desde hace meses, y más cuando mis amigas me daban consejos y me contaban algunas experiencias y yo no podía sentir lo que ellas decían que debería de sentir. Quería mucho a Jack, lo conocía hace años y él me conocía a la perfección, habíamos pasado muchas cosas juntos y creía que él debería ser la primera persona en mi vida, pero no lograba sentirme segura, aunque me lo dijera a mí misma mil veces. No lograba sentir eso que Henna me contaba, deseo, lo amaba, pero en ese aspecto no sentía la necesidad de estar con él, siempre he creído que es el miedo lo que me inhibe, miedo al dolor del momento, miedo de que algo salga mal y haya un embarazo no deseado, etc. Me sumergí tanto en mis pensamientos que cuando menos me di cuenta ya estaba afuera de la tienda, ni siquiera supe cuánto tiempo estuve parada frente a la puerta.

Antes de entrar, un auto se paró en frente, bajaron la ventana y vi a Ian.

—¿Qué quieres?

—Por fin te encontré, fui a dos tiendas antes y nada más no estabas. Te andaba buscando para decirte que los condones fueran de sabor de Uva por favor.

—Hijo de… —Respiré y entré a la tienda, compré lo que necesitaba y al salir Ian seguía ahí, volví a ignorarlo y caminé por la banqueta.

—Sube por favor

—Prefiero caminar

—Es noche, no dejaré que andes sola.

—Aquí es seguro. —Dije mientras seguía caminando y él me seguía lentamente.

—Si no subes te seguiré hasta la casa.

Me encogí de hombros —¡No señor, déjeme en paz! —Grité para que las personas cercanas escucharan y apresuré el paso. Ian abrió grandes los ojos.

—Hyemi ¿Qué haces? Sube ya.

—¡No iré con usted a ningún lado! —Ian detuvo el auto y se bajó. Vi como las personas se detuvieron y comenzaron a mirar.

—Hyemi

Yo al ver que venía hacia mi comencé a correr, dentro de mí me regocijaba. Ian se dio por vencido al ver que la cosa se veía fea a la expectativa de los demás. Subió al auto y se fue.

Después de unos minutos llegué a la casa, vi que la puerta estaba cerrada. Busqué en mi ropa, pero no tenía las llaves. Ian había llegado ya que el auto estaba afuera. Toqué la puerta varias veces, pero no se escuchaba nada. Después de gritarle y casi tumbar la puerta se asomó por una ventana.

—¿Sí? ¿Qué se le ofrece?

—Deja de hacerte el tonto y ábreme.

—¿Compraste mis condones?

—No

—Entonces no puedes entrar.

—¿Estás bromeando?

—¿Esta es una cara de broma? —Dijo poniendo la cara seria. Si no fuera porque ya me estaba enojando no hubiera podido contener la risa.

—Abre

—Nop

Pensé en entrar por el patio, pero de nuevo como si me hubiera leído la mente me reafirmó que estaba cerrado.

—Toda la casa tiene llave, hasta las ventanas, querías andar de graciosa haciendo creer que quería hacerte algo malo, pues te quedarás afuera hasta que Jason venga.

—Jaison no vendrá a dormir hoy.

—Lo sé — una sonrisa de oreja a oreja se formó en su estúpido rostro. De pronto bajó la cortina y desapareció.

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