VIII.

El patio trasero acabó sumido en silencio por la repentina irrupción de aquella terrana. Estaban congelados, sin saber qué hacer o cómo actuar ante ese imprevisto, mientras el wendigo se recuperaba del inesperado ataque.

Clementine inhaló una larga bocanada de aire por la sorpresa.

—¡Por fin te encuentro!

—Dante. Has cambiado bastante —dijo Dorian, desenvainando su espada.

Clementine trazó runas en el aire e invocó una ráfaga de rayos que atacó al wendigo en distintas partes de su cuerpo. Dorian esgrimió su espada con maestría y lo desmembró junto a Kleit y Nyroh, decapitándolo y cortando sus piernas desde la cadera. Lo habían asesinado gracias a Clementine.

—¿Cómo llegaron aquí?

—Mm, bueno… —dijo Clementine, intentando organizar sus ideas—. Aquí en Terra; existe

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