Amor Por Contrato (Libro 1: Encontrando El Amor)
Amor Por Contrato (Libro 1: Encontrando El Amor)
Por: Denisetkm
Capítulo 1 — Parte 1

*—Cassie:

Se encontraba con los cascos de los audífonos de su reproductor de música puestos mientras cantaba en voz alta la canción que este reproducía. Bailaba con un poco de ritmo sobre su cama y esperaba que sus padres no la vieran, ya que había dañado su antigua cama por hacer lo mismo. La canción tomó ese momento para terminarse y al mismo tiempo, escuchó como tocaban su puerta.

—Cassadee —llamaron su nombre desde fuera al mismo tiempo que tocaban la puerta—. Cassadee.

Cassadee McKay bajó de la cama y caminó hacia la puerta, la abrió encontrándose con el ama de llaves de su familia. La mujer la miró con las cejas arqueadas y la chica le sonrió.

—¿Qué pasa, Abby? —preguntó Cassadee quitándose los cascos de los audífonos y deteniendo el reproductor.

—¿No vas a bajar a cenar? —le preguntó dulcemente la mujer, con una agradable sonrisa—. Tu padre mandó a llamarte.

¿Su padre la mandó a llamar?

¡Qué extraño! Su padre no era muy dado a ponerle atención a su hija menor, que era ella, decía que era una chica rebelde, y Cassadee no lo negaba porque esa era la verdad, así que pasaban el tiempo ignorándose mutuamente.

—No voy a bajar —le dijo al ama de llaves. Abby puso una cara triste y Cassadee le sonrió—. Tú sabes cómo están las cosas. Ahora que termine el instituto y pasare el tiempo de vacaciones que tengo aquí en casa junto a ese despreciable hombre que tengo como padre, es mejor que nos ignoremos —le dijo a la mujer y volvió a sonreír—. Extraño estar en el instituto, al menos cuando estaba allá no tenía que ver la cara de mi padre —dijo Cassadee recordando su vida antes de salir de instituto, la cual había sido divertida.

Abby le palmeó el hombro.

—Sé que es así, pero es tu padre. Si él no hace el esfuerzo para que se lleven bien, hazlo tú. Enséñale a tratarte bien —le aconsejó la mujer.

Cassadee intentó reírse, pero Abby la miró seriamente.

—No voy a bajar. Así que dile a mi padre que no lo haré —dijo esto dándose la vuelta y volviendo a la cama, se colocó los audífonos al tiempo que veía como Abby salía de la habitación, sin decir nada por su decisión.

 Cassadee sabía que no iba a decir nada y que la próxima persona que estaría en su cuarto en menos de cinco minutos sería su padre y acertó, porque su padre apareció por su puerta. Todo alto e imponente, Jefferson McKay la miró con una mirada tan fría que podía congelar toda la habitación.

—He mandado a llamarte —dijo su padre.

—¿Qué deseas, padre? —le preguntó Cassadee comportándose por primera vez y siguiendo un poco el consejo de Abby.

—Como dije, he mandado a llamarte, pero Abby me dijo que no ibas a bajar.

—Si estabas ahí mismo porque no viniste a decírmelo tú —le dijo Cassie.

—Eres algo irrespetuosa.

—Tengo algo de tu sangre —contrarrestó la chica encogiéndose de hombros.

Su padre sonrió y se dio la vuelta.

—Hay alguien a quien quiero que veas, así que es mejor que bajes antes de que te arrepientas —le ordenó, pero Cassie sonrió.

—¿Qué pasará si no bajo?

Su padre se volvió.

—¿Disculpa?

—No voy a bajar. ¿Acaso es otro de tus viejos amigos, que no pierden la oportunidad de acosar a cualquier chica menor de veinte?

Su padre entrecerró los ojos y dio un paso hacia ella. Cassadee se echó hacia atrás. Estaba siendo demasiado irrespetuosa y si su padre la golpeaba por ello, se lo tenía merecido, pero no podía evitar ser grosera. Su padre trataba a todo el mundo con amor, menos a ella. Ella odiaba a su padre y hacía las cosas para hacerlo sentir mal. Siempre se había preguntado si era su hija de verdad, ya que era muy diferente a sus hermanas. Estaba harta de sus riñas, estaba harta de todo, y si no fuera por su madre, que se sentiría muy mal si se fuera, se hubiese largado de allí hace años, pero no quería causarle sufrimiento, la quería demasiado, era su madre después de todo.

—Jeff —dijo una voz femenina.

Su padre y ella miraron hacia donde había sonado la voz, su madre, Alice McKay, apareció a su vista. Entró por completo en la habitación y cerró la puerta a su espalda.

—¿Qué pasa? —preguntó su madre mirándola.

—Padre no entiende que no quiero bajar a conocer a su vejestorio —le dijo Cassadee a su madre.

La mujer ahogó una risa y miró a su esposo.

—¿Vejestorio? —le preguntó Alice a su esposo.

Su padre se encogió de hombros y su madre soltó una carcajada, para luego mirarla otra vez.

—¿Por qué no bajas? —preguntó su madre.

—Pero… —replicó Cassadee.

Su madre le imploró con la mirada que no objetara nada, o al menos así lo vio Cassadee, que asintió y se quedó callada. Su progenitora sonrió y agarró a su esposo de la mano, conduciéndolo hasta la salida, abrió la puerta y empujó a su padre afuera, antes de irse, se giró hacia ella.

—Ponte algo presentable —dijo su madre mirando sus pequeños shorts y su holgada blusa.

Cassadee asintió para después ver cómo su madre le sonreía y se marchaba después, cerrando la puerta. Cassadee se acercó a su armario haciéndole caso a su madre y buscó en este algo presentable. No tenía nada, ya que la ropa que usaba solo era para estar en casa y salir con sus amigas por ahí. Se alejó del guardarropa, quizás podía pedirle prestado algo a alguna de sus hermanas mayores.

Se detuvo.

No, mejor no, tenía que encontrar algo presentable. No iba a molestar a sus hermanas.

Se volvió otra vez al guardarropa y divisó algo blanco largo en él. Se acercó, sacó la prenda y la analizó. Era un vestido blanco, recordó que su mejor amiga se lo había regalado hace unos meses, era un regalo y nunca lo había usado, tal vez esta era la oportunidad. Se despojó de su ropa y se puso el vestido, volviéndose hacia el espejo observó su reflejo, no era muy corto, pero tampoco muy largo y el mismo le llegaba a medio muslo. Bueno, era lo único respetable que tenía además de su viejo uniforme del instituto.

Buscó unos zapatos que le combinarán y encontró en su zapatera unas sandalias del color del vestido, se las puso. Se acercó a la cómoda, quitándose la cinta que sujetaba su castaño cabello, se pasó un cepillo y lo dejó suelto. Miró sus ojos de color verde, se veían opacos y tenían bolsas negras debajo de ellos por el poco dormir que tenía. Se colocó una breve capa de maquillaje, tapándose las ojeras, solo para que pareciera natural y su cara no se viera muy opaca. Comprobó su estado otra vez en el espejo. Se veía bien, decente, pero sabía que a su padre le molestaría de todas formas, sonrió para sí, aún mejor.

Salió de su habitación y se dirigió hacia donde sabía que estaban sus padres con el vejestorio, cuando entró en el salón, la conversación cesó y los presentes dirigieron su mirada hacia ella, Cassadee se fijó rápidamente en el hombre que estaba sentado al lado de su padre, que no era para nada un vejestorio, era un hombre joven, lo que más llamaba la atención era su pelo, que era negro y largo, atado en una coleta, no combinaba para nada con el traje que llevaba. Había visto este hombre antes pero no recordaba donde.

«Es muy guapo», pensó Cassadee mientras se acercaba con una sonrisa en la cara.

Se sentó al lado de su madre y fijó la mirada otra vez en el hombre que la miraba por igual.

«Que ojos tiene», pensó viendo sus electrizantes ojos azules.

—Ella es mi hija menor, Cassadee —dijo su padre presentándola ante el hombre—. Pero ya la conoces, obviamente —terminó diciendo este.

—Un placer, Cassadee —dijo el hombre guapo con una sonrisa demasiado derrite mujeres—. Soy Robert Bryant —se presentó este.

Ahora entendía. Era uno de los hermanos del esposo de su hermana mayor, por eso le parecía tan conocido. Vio cómo Robert asintió poco después.

—Soy el hermano mayor de Maximilian —explicó Robert refiriéndose al esposo de su hermana mayor. Si, ya había hecho la conexión.

«Con razón se parece mucho a Maximilian», pensó Cassadee mirando al hombre por el rabillo del ojo, aunque tienen varias similitudes, era obvio que Robert se veía mil veces mejor que su cuñado, además, parecía más amable.

—Un placer nuevamente —dijo Cassadee mostrándole su buena educación, para que su padre viera que ella era una chica educada cuando se lo proponía.

Él levantó la barbilla en forma de saludo y Cassadee vio que además de tener el pelo en una coleta, llevaba un piercing en la oreja derecha. No pudo evitar sonreír, se veía rebelde y aquello era algo muy sexy. Lo que le gustaba.

—Pensé que ibas a venir con Christopher —dijo su padre volviendo a la conversación de antes.

—Mi hermano no está en la ciudad en estos momentos, así que por eso vine solo —contestó Robert.

—Ya veo. ¿Cuándo vuelve a la ciudad? —preguntó su padre—. Cuando lo llame ayer no dijo nada de estar fuera de la ciudad.

—Quizás se lo olvido —dijo Robert encogiéndose de hombros.

Cassadee se estaba aburriendo. No le interesaba el tal Christopher o lo que este estuviese haciendo. ¿Para qué estaba allí este hombre en un principio? ¿Iba a cenar con ellos o qué?

—Ya lo llamaré y hablaré con él —dijo su padre a Robert.

—Si es lo mejor —dijo Robert y miró a Cassadee con expresión seria, Cassadee se preguntó porque la miraba de esa manera—. Ya tengo que irme.

—¿Pensé que te quedarías a cenar? —cuestionó su padre.

—Sí, pero recordé que tengo cosas que hacer —dijo Robert.

Si no fuera por su expresión nerviosa, Cassadee se lo hubiese creído, pero era obvio que el hombre quería irse de allí rápido. ¿Qué le pasaba?

Su padre y el hombre se levantaron, Robert se despidió de Cassadee y se marchó del salón junto a su padre. Cassadee miró a su madre que se levantó y se alejó de ella, aquello era muy extraño. ¿Por qué aquel hombre estaba ahí? ¿Por qué su madre se sentaba en otro lugar y tenía esa expresión de tristeza en la cara? Algo estaba pasando. Se siguió preguntando sobre Robert. Ella nunca lo había visto en su vida, ni siquiera en la boda de su hermana con Maximilian, cosa extraña ya que eran hermanos.

Sus hermanas mayores aparecieron en el salón. Brianna y Shanna, quienes eran las gemelas, se acercaron a ella mientras que Antonella iba con su madre. Brianna tomó a Cassadee del brazo.

—Viste que guapo era —dijo Brianna con ojos brillosos.

Cassadee se río, al parecer a su hermana le había gustado Robert, bueno a cualquiera le gustaría, incluso le había gustado y ella que había pensado que era un vejestorio, o peor aún, un hombre igual que su padre, pero se llevó todo lo contrario, con las pocas palabras que intercambiaron le pareció un hombre muy simpático, aunque uno no podía juzgar un libro por su portada.

—Sí, se ve muy bien —admitió Cassadee.

—¿Bien? ¡Es guapísimo! —exclamó Shanna emocionada.

Las dos gemelas comenzaron a hablar sobre Robert y Cassadee las ignoró para observar a su madre y a la hermana mayor de todas, Antonella. Ellas dos se mantenían hablando en voz baja. Se levantó, era mejor irse de allí, ya que se estaba imaginando cosas, como si algo le pasara a su familia. Ya no era necesario que darse si el hombre se había marchado. Ya después picaría algo de la cocina. 

—Te quedas ahí —dijo su padre apareciendo en el salón, deteniendo a Cassie que volvió a tomar asiento con las gemelas. Su padre se detuvo frente a ella y la señaló con el dedo—. No entiendo por qué estás tan rebelde. Ese hombre de hace rato es alguien muy importante para nosotros y mira cómo te comportas. Va a creer que no te damos educación y tú sabes muy bien que es bastante la que te damos.

Cassadee arqueó las cejas. Había sido educada con Robert, se había mantenido al margen, guardando a la chica rebelde que estaba dentro de su interior.

—No he hecho nada —le dijo levantando el mentón hacia su padre.

—Tú nunca haces nada —dijo Jefferson—. Te quiero el lunes en mi despacho temprano —le ordenó.

—¿Es una orden? —preguntó Cassie siguiendo desafiando a su padre.

Este se río y la miró con una mirada gélida.

—Tomalá como quieras —le dijo su padre antes de lanzarle una mirada asesina.

Cassadee lo fulminó con la mirada y después miró hacia otro lado. Era injusto. Se había comportado delante de Robert. No entendía porque su padre actuaba así. ¿Acaso era por la ropa que llevaba puesta? ¡Pero era una vestimenta decente!

Su padre no dijo más nada, se fue del salón y cuando escuchó como la puerta del estudio de su padre se cerró con fuerza, su madre se acercó a ella y dijo:

—No le hagas caso.

—Yo no he hecho nada —dijo a su madre.

Esta le sonrió.

—Lo sé, es solo que tu padre está muy… —comenzó a decir su madre, pero se calló abruptamente y se llevó una mano a la frente, frotándosela como si le doliera.

Antonella se acercó a su madre.

—Mamá es mejor que vayas a descansar —dijo Antonella.

—Si —aceptó su madre, pero no se fue a descansar, se quedó ahí frente a Cassie mirándola con la misma expresión de antes, de tristeza—. Sé que tu padre te ha tratado muy mal últimamente, lo siento, es solo que tu padre, no, nosotros estamos pasando por una situación no muy buena —comentó y Cassie vio la preocupación en los ojos de su madre. ¿Qué estaba sucediendo?

—¿Qué está pasando, madre? —preguntó Cassadee, se estaba preocupando. Sus padres tenían dinero y vivían bien, nunca vio en su vida un indicio de lo contrario, pero se notaba que algo pasaba.

Alice negó con la cabeza.

—No pasa nada —dijo Alice con una sonrisa—. Solo quiero que me escuches, por primera vez haz caso a lo que tu padre dice —imploró su madre.

—¿Por qué debo hacerlo? —cuestionó Cassie.

Su madre volvió a frotarse la frente.

—Por favor —suplicó—. Solo hazlo —pidió esta.

—Mama, deja de suplicar, mira que lo que le dices a Cassadee, le entra por un oído y le sale por el otro —dijo Antonella siendo grosera.

—No sé de qué hablan. Hablan como si yo me hubiese comportado de mala manera delante del visitante, pero me comporte como una señorita, como la señorita educada que soy cuando no me molestan. Baje solo para ver a un hombre atractivo, ¿eso era todo? ¿Qué más querías?

—Claro que no fue para eso, solo queríamos que lo conocieras —murmuró su madre—. Es mejor que lo olvides por el momento —dijo ella dándose la vuelta.

—¿El qué? ¿A qué te refieres? —preguntó Cassie, su madre estaba diciendo cosas raras. ¿Por qué tenía que conocer a ese hombre?

—Mama, no te guardes la lengua y suéltaselo —dijo Antonella.

Cassadee miró de mala manera a su hermana mayor. Era bastante grosera. Más que ella, pero como era la preferida de su padre, nadie decía nada.

—¡Antonella! —la regañó su madre.

Su hermana se río cínicamente y Cassadee hizo puños sus manos. Se merecía una cachetada, estaba harta de su hermana mayor.

—Me estas cabreando —le dijo Cassie con tranquilidad, solo esperaba que su hermana siguiera con sus burlas para poder entrar en acción.

—¡Cassadee! ¡Antonella! ¡Ya basta! —se metió su madre.

—De acuerdo mamá, pero dile a esta que no se meta en mi vida —le dijo Cassie señalando a su hermana mayor.

—¿Meterme en tu vida? —preguntó Antonella y se río—. Ni que fuese tan interesante.

—Claro que lo es. Vivo la vida libre y no tengo un marido a quien rendirle cuentas.

Antonella soltó una carcajada y Cassie la fulminó con la mirada. ¿De qué se reía esta vez?

—Veremos qué tan liberal eres, hermanita —dijo Antonella y con una risa burlona se fue del salón.

—No le hagas caso —dijo su madre para seguir los pasos de Antonella.

Cassie se quedó en el salón preguntándose qué estaba pasando con su familia. Brianna y Shanna se acercaron a ella y le palmearon la espalda, para luego marcharse del salón, eso sí, después de que Brianna murmuraba algo que casi no entendió bien, la única palabra que pudo entender fue matrimonio.

.

.

.

*—Chris:

Habían pasado varios minutos desde que se había bajado del avión y ahora caminaba junto a su asistente hacia su vehículo privado. Le dolía la espalda y estaba hecho polvo, había pasado aquel fin de semana revisando informes y proyectos cuando debió de haber estado descansando. Soltó un suspiro. Quería irse directamente a su piso a hacerle el amor a su cama, pero no, tenía que ir a una estúpida reunión con un imbécil que no podía esperar otro día.

Su chofer abrió la puerta trasera y Christopher Bryant entró junto con su asistente. Una vez que se acomodó en el asiento, recostó la cabeza contra en respaldo del asiento al tiempo que el chofer se subía al auto y arrancaba. Si hubiese sido otra persona le hubiese dicho a su chofer que pusiera rumbo a su piso y no a la empresa del socio de su padre, Jefferson McKay, pero como él era un hombre muy competente y no le gustaba dejar las cosas para después, no dijo nada.

—Señor —lo llamó su asistente a su lado, llamando su atención.

Christopher la miró con una ceja arqueada. ¿Qué quería su asistente ahora? Esperaba que no le dijese que tenía una reunión después de la de Jefferson, sería tedioso.

—¿Qué pasa? —preguntó a la mujer.

—Puedo llamar al señor McKay y cancelar la reunión —dijo su asistente—. Si usted quiere, claro.

Christopher negó con la cabeza.

—No importa, mientras más temprano salga de esto, mejor.

—¿Está conforme?

¿Conforme? No lo estaba, pero que mierda importaba, solo quería llegar a sus metas y para hacerlo tenía que ver a Jefferson McKay.

—No importa —volvió a decir al parecer la mujer no entendía que ya no importaba.

El silencio volvió en el auto.

—¿Está bien? No parece estarlo —dijo ella tan cerca de él, demasiado cerca.

Christopher bajó la mirada hacia los pechos de la mujer que se asomaban por la blusa entreabierta de esta, si no hubiese estado cansado quizás estuviese haciendo otra cosa, como tener relaciones en el auto con su asistente, sin importarle que el chofer los viera. Sonrió.

—Solo tengo sueño —le dijo conteniendo un bostezo.

Tenía un par de días sin dormir bien. Aquella semana que había estado en Washington se la había pasado de reunión en reunión, resolviendo algunas cosas, revisando informes. No había tenido mucho tiempo para descansar.

—¿Por qué no duerme señor? —preguntó ella—. Puede tomar una pequeña siesta —dijo su asistente y se señaló el regazo—. Aquí.

Chris arqueó las cejas y luego sonrió.

Sabía muy bien lo que pensaba su asistente. Se recostó su regazo, quedando conforme y cerrando los ojos para echar una pequeña siesta.

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