7. Acercamientos

Al día siguiente: 9 de septiembre

Miro mi reloj y no puedo creer que ya sean las ocho de la noche, ¿Tan ocupado he estado el día de hoy? Hemos pasado todo el día yendo de un lugar a otro cerrando acuerdos y recolectando información de algunos clientes para poder prepararles planes estratégicos. Camino por el pasillo de este edificio, y sonrió al escuchar el gran ritmo que llevan sus pasos, el sonido de sus tacones retumba y parecieran musicalizar nuestra salida de aquí. Respira profundo y debo mirarla —¿Cansada ya?— Le pregunto y voltea a verme.

Niega, acomoda su falda y sonríe —No, es solo que Guillermo aun no me ha llamado. No sé nada de mi hija.— Me explica.

—Llámalo.— Le aliento.

—Sí, eso iba a hacer una vez que me despidiera de ti. — Comenta y la miro con dudas.

—Te iba a invitar a cenar...— Hablo y arquea sus cejas.

—¿A cenar?— Pregunta confundida.

Kilian, invéntate una buena excusa... Me digo a mí mismo.

—Sí, creo que hoy has trabajado horas extras y lo mínimo que puedo hacer es invitarte a cenar, ¿no crees? — Invento.

Por algún motivo, ella permanece en silencio un instante y luego vuelve a mirarme. —Realmente ir a un restaurante contigo me parece igual a un suicidio, no sé si sabes que eres uno de los empresarios más importantes de la ciudad y que siempre están al pendiente de tu vida personal... Todavía, no hay mucha gente que sepa que soy trabajo contigo, y si nos ven juntos probablemente apareceremos en la tapa de alguna revista con el titular "La Nueva Conquista del empresario Arraitz." Si te soy sincera, no me apetece mucho estar en esa situación.— Se explica y debo reír de la gran imaginación que tiene.

—De acuerdo, no iremos a un restaurante entonces. Te invito a una pizza, sushi, o lo que tú quieras en mi casa, ¿Qué dices?— Propongo y entrecierra sus ojos.

—Pizza y un buen vino está bien, pero mejor en mi casa ¿te parece?— Pregunta y realmente me confunde su actitud.

—¿Tienes algo en contra de mi casa?— Indago mientras le abro la puerta del edificio para ir al auto donde nos espera Carlos. 

Ella hace un gesto algo extraño y luego sonríe —Tengo la sensación de que, si voy a tu casa y alguien nos ve, pensaran que soy tu chica de una noche.— Admite y debo reírme de sus palabras.

—Interesante, no quieres ir a un restaurante para no aparecer en la portada de una revista... no quieres ir a mi casa para que no piensen que eres mi amante... ¿alguna otra cosa?— Pregunto intentando parar de reír.

—No, solo eso.— Responde de manera sarcástica.

—¿Tanto te importa el que dirán?— Le pregunto confundido.

Ella niega —Kilian, no es el que dirán. Eres un empresario muy reconocido y simplemente no quiero que malinterpreten la situación, yo solo intento cuidar tu imagen ¿comprendes? Laura me ha pedido que lo hiciera y no le voy a fallar— Me explica y debo admitir que me ha tomado por sorpresa su respuesta.

—En tal caso, muchas gracias.— Digo con una enorme sonrisa y le abro la puerta del auto para que suba evitando que sea Carlos quien lo haga y obviamente me ha dado una de esas miradas cómplices como diciendo ya caíste

[...]

Al parecer, saber que su hija está bien le ha hecho relajarse bastante. Su semblante ha cambiado drásticamente y ahora hasta sonríe con más ganas. Abre la puerta de su pent-house y entramos. —Ponte cómodo, buscare el número de la pizzería... si quieres elige el vino que más guste. — Propone mientras deja su bolso a un lado.

—Cómoda deberías ponerte tú, has estado con esos tacones todo el día de aquí para allá.— Comento mientras que me atrevo a abrir el pequeño refrigerador donde tiene los vinos.

—¡Deja de preocuparte tanto por mis zapatos!— Me dice entre risas haciendo que yo ría también. —De todas maneras, si me pondré más cómoda una vez que pida la pizza. — Me explica y sonrió triunfal. —¿Alguna pizza en especifica que te guste?— Averigua.

—¿Pollo y barbacoa? O Margarita esta bien.— Respondo.

—Va...—

La escucho ordenar la pizza mientras que le muestro la botella de vino que he escogido y ella asiente ante la elección. Sirvo las dos copas, y una vez que ella ha terminado la llamada sube a su habitación un momento.

Aun no comprendo muy bien que hago aquí. Podría estar disfrutando con algunos amigos en un bar, o simplemente descansando en mi casa después de este dia agotador, pero no... ahí voy yo proponiéndole a Sofía que cenemos juntos, debo ser idiota... Nunca mejor dicho.

—Pero enciende la televisión si quieres.— Me comenta bajando la escalera, y al verla me quedo sin palabras. Pantalón corto deportivo bastante ajustado a su figura, una camiseta blanca suelta que llega hasta arriba de su cintura, y simplemente descalza. Ni siquiera comentare que la blusa deja entrever su sujetador... prefiero no centrarme en ello.

—Si te veo así por la calle, no te reconocería.— Remedo.

—Pues, es mas normal verme así vestida que como me ves vestida para trabajar.— Se explica y entrecierro mis ojos.

—No te creo.— Replico firme.

—Amo el deporte. Me gusta salir a correr cada mañana, ir al gimnasio, el tenis se me da bastante bien, y cuando voy a la playa en verano de vacaciones; me gusta trotar en la orilla.— Se explica y ahora sí que me ha robado una enorme sonrisa.

—Al parecer tenemos algo en común.— Comento y solo puedo mirarla mientras va por el control a distancia de la televisión.

—Parece, solo que lo de la playa a mi solo se me da cuando voy de vacaciones, tu creo que tienes una casa en Miami, ¿no? Eso me dijo Laura.— Me dice y encoje sus hombros.

—En realidad mi familia vive en Miami, pero como habrás podido notar el día de hoy, no es que yo vaya a tener muchas oportunidades de ir a visitarlos mínimo por los próximos meses, la agenda de viajes esta muy cargada, pero prefiero que sea así para cerrar todos los negocios de una sola vez y luego regresar aquí a trabajar en otros proyectos—

—Lo sé, nos esperan meses muy ocupados, quizás debas pensar en contratar más gente que sea capaz de cerrar esos negocios en el exterior— Comenta.

—Prefiero que trabajen en los proyectos desde la oficina y ser yo quien se reúna con los clientes más importantes, digamos que es mi manera de trabajar, pero por eso te contrate a ti, para hacer mi carga de trabajo más fácil— Explico. 

—Te entiendo, a veces funciona mejor así, pero mejor, no pensemos en todo lo que nos espera ahora y relajémonos.— Sentencia.

¿Relajarme? ¿Con ella vestida así? Lo dudo...

—Sí, mejor. — Digo e intento no reír. Al mirar hacia mi costado derecho, me percato de una foto que hay colgando en la pared y no puedo evitar acercarme a ella. —Pero que fotografía mas hermosa.— Señalo al verla más de cerca. Ni siquiera parecería que es ella. Se le ve divertida junto a Mía... Parece otra Sofía.

—Fue hace un par de meses. — Dice y me doy cuenta de que está a mi lado —A Mia le encanta que le tomen fotos, y mi madre estaba diseñando una línea de ropa con la temática de madre e hija y me convenció que posara. — Se explica y al verla está sonriendo.

—Déjame decirte que se te queda muy bien ser madre. — Le digo mirándola fijamente y me observa algo ¿nerviosa?

—Gracias, sin duda alguna Mía es lo mejor que me ha pasado en la vida.— Admite y en su voz noto ese orgullo que siente por su hija.

—¿Puedo decirte algo sin que te lo tomes a mal?— Averiguo y es que no quiero guardarme estas palabras.

—Sí, claro...— Expresa algo confundida.

—Tu ex marido de verdad que ha sido el hombre más imbécil del mundo en dejar ir a una mujer como tú. No sé cómo rayos ha podido decirte que debías cambiar algo en ti, eres la mujer más bella que he visto jamás.— Le confieso y puedo notar el asombro en su rostro.

—Kilian...— Murmura a modo de advertencia y sonrió.

—No te preocupes Sofía, no te voy a besar.— Le digo intentando disimular y ríe nerviosa.

—De acuerdo, en todo caso gracias entonces.—

—¿Por no besarte?— Bromeo.

—No, por la palabras, han sido muy lindas.— Comenta y solo se me ocurre sonreírle. Sé que si le digo algo mas probablemente me eche de su casa. Es mejor mantener las formas... no debo involucrarme con ella…

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