Los Príncipes
Los Príncipes
Por: Cassandra Hart
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Aviso importante

Debido a confusiones en la primera versión de la bilogía, La Profecía y los Príncipes, las ediciones finales han puesto la historia como era desde el inicio.

La profecía es el libro 1 y este el libro 2.

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Los cuatro príncipes llegaron a establecerse en la ciudad aburridos por haber estado recluidos en su Castillo en Rumanía. Es una verdad mundialmente reconocida que la misma rutina una y otra vez puede causar exceso de estrés y en el caso de estos cuatro vampiros el estrés deriva en asesinatos por lo que decidieron cambiar de aires.

Y estaban solos en el mundo porque sus padres habían muerto más de 300 años atrás y aunque ya eran hombres hechos y derechos les gusta actuar como niños porque si uno vivía eternamente pues había que hacer algo para no morir de aburrimiento.

Las mujeres habían desfilado por sus vidas de la misma forma que pasa el aire entre las manos, pero todos pensaban en que de verdad no estaría mal tener compañeras para toda la eternidad porque eso de cambiar de mujer cada día resultaba relativamente aburrido.

Con ellos tenían a un ama de llaves misma que los había acompañado desde el momento en que nacieron y para ella eran sus niños consentidos, pequeños diablillos que espantaban a todas aquellas personas que trataban de acercarse con ellos.

Porque en el fondo ellos anhelaban tener a su compañera única, y cuando se aburrían de los humanos con los que frecuentaban podían ser crueles por eso ella les había sugerido dejar Rumanía durante un par de cientos de años para que el pueblo los olvidara.

La policía había tratado de atraparlos porque las pruebas los habían llevado a determinar que los cuatro hermanos dueños de ese Castillo de ensueño, eran los responsables de las más de 50 muertes de mujeres en la ciudad, todas ellas prostitutas las cuales habían sido utilizadas para luego ser desechados sin una gota de sangre en sus cuerpos.

Algunas veces ella pensaba que no tenían sentimientos y que habían cruzado la barrera de la crueldad, nunca habían sido humanos entonces no es como si ella pudiera esperar que tuvieran algún tipo de compasión hacia los seres humanos, sin embargo habían vivido entre humanos durante mucho tiempo y tendrían que haber obtenido algo de la sensibilidad que hacía que otros seres inmortales, pudiesen convivir entre los humanos sin ser detectados, pero sus muchachos. sus pequeños niños estaban más allá que un humano, más allá que cualquier inmortal que ella hubiese conocido.

Eran fuertes, fieros sanguinarios y estaban decididos a arrasar con cuanto pueblo encontraran, por eso esperaba que aquella ciudad en Estados Unidos resultase lo que ellos necesitaban, un cambio de aires para que el aburrimiento que los terminaba haciendo matar nunca llegara.

Lamentablemente en el mundo no quedaban inmortales de mayor edad ellos presos del aceite sangre si habían dedicado a matar a todos aquellos que en algún momento podría representar un problema para sus vidas y eran en ese momento los más antiguos de todos los inmortales y ese nivel de poder así a que todos los demás les temieran, aunque ni siquiera les hubiera han hecho algo era el simple hecho de saber que había sido capaz de exterminar vampiros de miles de años sin siquiera parpadear.

Pero ella los amaba, para ella seguía siendo los niños pequeños a los que les había cambiado los pañales sin embargo también sabía que no podía ir contra ellos porque en algunos momentos, podía sentir como que si ella representaba algún estorbo para los planes de sus niños la eliminarían sin siquiera pensarlo.

Así que prefería vivir la vida dándole la razón y apoyándolos, pero vivir porque la verdad fuese dicha le encantaba vivir entre seres humanos, le encantaba tener acceso a tecnología a cosas que hace 100 o 200 años ni siquiera jamás imaginó llegar a tener acceso, cosas que ni siquiera existían y ella quería seguir avanzando con el mundo y continuar disfrutando de la tecnología, que los seres humanos empezaban a desarrollar.

—Mis niños mis siguientes palabras van cargadas de verdad, saben que los amo con todo el corazón y que las cosas que sucedieron en Rumanía me asustaron porque pensé que de verdad los atraparían y los asesinarían sé que ustedes son fuertes, que son los inmortales más antiguos, pero les pido por favor que esta vez aquí en los Estados vivamos tranquilamente.

Sé que soy inmortal, pero me siento vieja y cansada y quisiera poder llegar a verlo con compañeras.

—lo sabe mandan ahí hemos estado hablando de eso y quiere montar un cambio en nuestras vidas hambre que no queremos volver a repetir porque esa sensación de no poder detenernos no me gustó para nada tranquila que vas a vivir tranquila y empezaremos una nueva vida hemos cambiado nuestra apariencia alterada nuestros nombres así que no hay forma alguna de que den con nosotros aquí en los Estados Unidos.

—les agradezco de todo corazón mis niños que estaban piensen en mí llegó un momento en que pensé que podían llegar a asesinarme si les decía estas cosas que me oprimen el alma y me angustian el corazón

—lamentamos haber llegado a este punto y comprendimos que de verdad tu preocupación era realmente basada en algo que podría llegar a pasar porque si nosotros hubiésemos seguido viviendo en Rumanía, siento que la sed de sangre no hubiese podido detenerse

Mientras aquella conversación se desarrollaba entre los cuatro vampiros y su niñera en casa de uno de sus vecinos, una de las parejas hablaba pensando en no sólo sus nuevos vecinos, sino en las posibilidades que tenían de emparejarlos con sus hijas. Ellos eran cuatro y ellos tenían cuatro hijas.

––Mi querido Gregory Roberts ––le dijo su esposa–– Creo que nuestros vecinos son ideales para nuestras hijas.

—apenas se acaban de llegar a nuestro barrio cariño ¿no crees que deberíamos de investigar un poco quiénes son?

––sabes que somos la familia con más dinero en la zona y ellos han comprado la casa más cara de todo el barrio, una casa con la que ni siquiera soñamos nosotros, así que si tienen más dinero que nosotros son ideales para nuestras hijas––insistió ella––; tendré que ir a hacerles una visita para darle la bienvenida al barrio e invitarlos a cenar para mostrar cuan amables somos por estos lares.

El señor Roberts no hizo ademán de contestar. Su esposa estaba decidida a llevar la batuta de aquella conversación y era sabio, por lo que solo asentiría. No por eso lograron llevar más de 46 años de casados y no haber tenido mayor cantidad de problemas. En el fondo su esposa a veces le parecía muy tonta y superficial, pero era una buena ama de casa, le lleva bien las cosas del hogar, era una buena anfitriona ante las fiestas y sus niñas eran perfectas.

Educadas con los más altos estándares de la sociedad, así que tenía que dar gracias. Tenía sus queridas amantes por fuera, con las que pasaba vacaciones mientras le decía a su esposa que andaba en viajes de trabajo, así que era realmente feliz tanto en lo amoroso como en la familiar, nada le costaba que sus hijas se casaran bien, porque una vez que eso sucediera le pediría el divorcio a su mujer. Mantenía el matrimonio únicamente por sus cuatro hijas y lo mantendría hasta que estuvieran todas felizmente casadas

––Son jóvenes y adinerados, apenas llegan a los cuarenta años y aunque es raro ver a cuatro hermanos solteros, es momento de pensar en nuestras hijas. ––se impacientó su esposa. ––No sé cómo no los has invitado a casa.

—Cariño, organiza las cosas y habla con su ama de llaves. Esas cosas debes manejarlas tú.

––Pues ten por seguro que esos hombres vendrán a cenar.

—bueno espero que nuestras hijas estén de acuerdo en lo que estás pensando porque según tengo entendido 3 de ellas tienen ya son novios.

—Igualmente pienso que nuestra pequeña está decidiendo vestir santos. Si al menos ella se casa seré feliz. Sabes que carece de la gracia y encanto de las mayores.

—Como quieras, cariño.

—Dicen que vienen de Europa, príncipes co un linaje antiguo. El ama de llaves que vino el lunes para ver el lugar; y que se quedó tan encantada con el que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Buni —antiguo dueño de la casa— en teoría es el mayor de los hermanos quien parece como dueño de la propiedad.

––¿Cómo se llaman?

––Gabe Dracul el mayor, luego le siguen Chad, Ethan y Theo.

––¡Vaya apellido cariño, fíjate que no quieran tu sangre!

––¡Oh!, querido, por supuesto que ya me he fijado cuando le he visto desde la ventana. Un vampiro no camina a la luz del sol ¡Qué buen partido para nuestra pequeña!

––Me parece que estás decidida mi amor.

––Mi querido señor Roberts ––contestó su esposa––, ¿cómo puedes no estar emocionado? Debes saber que estoy pensando en el cómo mi yerno.

––¿Y si la rechaza?

––¡Rechazarla! Tonterías, ¿cómo puedes decir eso? Nuestra Amy es solo buenas virtudes, cuando le mire fuera de la casa llevaré Amy conmigo para que la vea.

––No veo que un rechazo sea imposible, no estamos en la época victoriana y tiene derecho a decir que no. A lo mejor el señor Dracul te prefiere a ti.

––Querido, me adulas. Es verdad que en un tiempo no estuve nada mal, pero ahora no puedo pretender ser nada fuera de lo común. Cuando una mujer tiene cuatro hijas creciditas, debe dejar de pensar en su propia belleza.

––En tales casos, a la mayoría de las mujeres no les queda mucha belleza en qué pensar.

––Bueno, querido, de verdad, tienes que ir a visitar al señor Gabe para darle la bienvenida al vecindario.

––No te lo garantizo.

––Pero piensa en tus hijas. Date cuenta del partido que sería para una de ellas.

––Eres demasiado comedida. Estoy seguro de que el señor Dracul se alegrará mucho de verte con nuestra hija y tú le llevarás unas líneas de mi parte para asegurarle que cuenta con mi más sincero consentimiento para que contraiga matrimonio con una de ella; aunque pondré alguna palabra en favor de mi pequeña .

––Cualquierz que te escuche pensaría que de verdad quieres a la menor. Me niego a que hagas tal cosa. Amy no es en nada mejor que las otras, no es ni la mitad de guapa que Anastacia, ni la mitad de alegre que Cassdy ni tan inteligente como Agatha. Pero tú siempre la prefieres a ella.

––Ninguna es muy recomendable ––le respondió––. Son tan tontas e ignorantes como las demás muchachas; pero Amy tiene algo más de agudeza que sus hermanas. No la hemos molido a alos para que semejante rectitud que le hemos inculcado no de sus frutos.

––¡Señor Roberts! ¿Cómo puedes hablar así de tus hijas? Te encanta disgustarme. No tienes compasión de mis pobres nervios.

––Te equivocas, querida. Pero es nuestra oportunidadde deshacernos de la menor. puedes invitarlos a cenar pero nada de andar poniendo a mi bebé como una posesión.

El señor Roberts era una mezcla tan rara entre ocurrente, sarcástico, reservado y caprichoso, que la experiencia de tantos años de casados no había sido suficiente para que su esposa entendiese su carácter. Sin embargo, el de ella era menos difícil, era una mujer de poca inteligencia, más bien inculta y de temperamento desigual. Su meta en la vida era casar a sus hijas; su consuelo, las visitas y el cotilleo.

Se había moldeado para ser una buena ama de casa pero no podría nunca aspirara a algo más.

Y pensaba dejarla, nada más acabar de ver a sus hijas ya en sus propios hogares. Su esposa ignoraba que ellos eran realmente vampiros, que de hecho por eso se habían mudado y que un posible acuerdo para casar a Amy estaba sobre ruedas.

Sabia de los vampiros y esperaba que una de esas bestias se llevara a su hija, porque aunque haberlos descubierto mientras se alimentaban habia parecido una tragedia porque se dio por muerto, ofrecio a su hija y las bestias lo dejaron ir.

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